¿Ser obeso es estar enfermo?
- José Luis Ortiz
- 26 ago 2025
- 4 Min. de lectura

Introducción
La obesidad ha pasado de ser vista como un problema estético o de comportamiento a ser reconocida por muchas organizaciones médicas como una enfermedad crónica compleja caracterizada por acumulación anormal o excesiva de grasa que puede perjudicar la salud. Esta reformulación tiene implicaciones clínicas y sociales: cambia el foco hacia el manejo médico multidisciplinario y reduce (o debería reducir) el estigma, pero también genera debate sobre cuándo y cómo etiquetar a una persona como “enferma”.
Definición y marco conceptual
La OMS define sobrepeso y obesidad como la acumulación anormal o excesiva de grasa corporal que representa un riesgo para la salud; habitualmente se usa el IMC como herramienta de cribado (IMC ≥ 25 sobrepeso; ≥ 30 obesidad), aunque el IMC tiene limitaciones para valorar el riesgo individual. Además, asociaciones endocrinológicas han propuesto términos diagnósticos centrados en el daño producido por la adiposidad, como Adiposity-Based Chronic Disease (ABCD), que subrayan la naturaleza crónica y multifactorial del problema. El reconocimiento de la obesidad como enfermedad por órganos como la American Medical Association (AMA) busca legitimar su tratamiento médico y facilitar recursos clínicos y de investigación.
¿Cuándo “ser obeso” equivale a “estar enfermo”?
No todas las personas con mayor masa grasa presentan los mismos riesgos; por eso los expertos proponen evaluar no sólo el IMC, sino la distribución de la grasa (visceral vs. subcutánea), presencia de comorbilidades metabólicas (hipertensión, dislipidemia, intolerancia a la glucosa), parámetros funcionales y marcadores de daño orgánico. Desde este punto de vista, se considera “enfermedad” cuando la adiposidad provoca o está asociada con daño clínico, riesgo aumentado de morbilidad/mortalidad o una pérdida de función significativa —es decir, cuando la grasa deja de ser solo un rasgo corporal y pasa a ser un factor causal o contribuyente de procesos patológicos.
Principales mecanismos por los que la obesidad daña la salud
La adiposidad excesiva altera la fisiología a través de varios mecanismos interrelacionados: resistencia a la insulina y disfunción metabólica, inflamación crónica de bajo grado por adipocitoquinas, disfunción endotelial, aumento del estrés oxidativo, y sobrecarga mecánica en articulaciones y sistemas respiratorio/circulatorio. Estos mecanismos explican por qué la obesidad aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, enfermedad hepática grasa no alcohólica (NAFLD), ciertos cánceres y problemas musculoesqueléticos, entre otros.

Complicaciones clave asociadas a la obesidad
1. Enfermedad cardiovascular (ECV): La obesidad incrementa el riesgo de hipertensión, dislipidemia, aterosclerosis, infarto de miocardio y accidente cerebrovascular. La acumulación visceral y el perfil inflamatorio contribuyen a la disfunción endotelial y a la progresión de la enfermedad coronaria. Estas asociaciones están bien documentadas en declaraciones científicas y revisiones sistemáticas.
2. Diabetes mellitus tipo 2 y síndrome metabólico: La resistencia a la insulina inducida por la grasa corporal, sobre todo visceral, es el principal mecanismo que conecta la obesidad con la diabetes tipo 2. La coexistencia de obesidad y disfunción metabólica incrementa dramáticamente el riesgo de complicaciones micro y macrovasculares.
3. Enfermedad hepática (NAFLD/NASH): El exceso de grasa corporal favorece la acumulación de lípidos en el hígado, que puede progresar desde esteatosis a esteatohepatitis no alcohólica (NASH), fibrosis y, en casos avanzados, a cirrosis y carcinoma hepatocelular. NAFLD está fuertemente asociada con obesidad y resistencia a la insulina.
4. Cánceres relacionados: Existe evidencia epidemiológica que vincula la obesidad con mayor incidencia y mortalidad en varios cánceres (mama postmenopáusica, colon, endometrio, riñón, esófago, entre otros), probablemente mediada por inflamación crónica, alteraciones hormonales y factores metabólicos.
5. Trastornos respiratorios y sueño: La obesidad aumenta la prevalencia de apnea obstructiva del sueño y complica enfermedades respiratorias crónicas por restricción mecánica y control ventilatorio alterado.
6. Problemas osteomusculares y funcionales: El exceso de peso eleva la carga sobre articulaciones (p. ej., rodillas), favorece la artrosis, limita la movilidad y reduce la calidad de vida funcional.
7. Salud mental y calidad de vida: La obesidad se asocia con mayor prevalencia de depresión, ansiedad y deterioro en la calidad de vida; la relación es bidireccional y mediada por factores sociales, biológicos y de estigma.
Impacto poblacional y pronóstico
La carga global de enfermedades atribuibles a un IMC por encima del óptimo es alta: millones de muertes por enfermedades crónicas se relacionan con el exceso de peso y sus efectos a largo plazo (cardiovasculares, metabólicos y neoplásicos). Además, la prevalencia de obesidad ha mostrado incrementos sostenidos en muchas regiones, lo que convierte su control en una prioridad de salud pública.
Implicaciones clínicas y de salud pública
Reconocer la obesidad como enfermedad facilita el acceso a tratamientos integrados (cambios de estilo de vida, terapia nutricional, ejercicio, intervenciones farmacológicas y, en casos indicados, cirugía bariátrica) y legitima la inversión en prevención. No obstante, es imprescindible evaluar individualmente el riesgo (composición corporal, función, comorbilidades) para evitar sobrediagnóstico, conductas estigmatizantes o tratamientos innecesarios. Modelos como ABCD enfatizan el enfoque en daño y riesgo más que en la apariencia.
Conclusión
¿Ser obeso es estar enfermo? La respuesta, matizada por la evidencia, es que la obesidad constituye una enfermedad crónica cuando la adiposidad causa o aumenta de forma significativa el riesgo de daño o pérdida de función. Incluso en individuos con IMC elevado sin complicaciones aparentes, el exceso de grasa suele asociarse con mayor probabilidad de desarrollar enfermedades metabólicas y cardiovasculares con el tiempo, por lo que la obesidad exige atención clínica y de salud pública. Las principales complicaciones incluyen enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2, enfermedad hepática grasa, varios cánceres, trastornos del sueño, y problemas osteomusculares, entre otros. El enfoque ideal combina prevención poblacional, detección temprana de daño y tratamiento integral individualizado.
Referencias
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