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Pilar: El viaje de una transformación (storytelling)

Actualizado: 25 jul 2025


Pilar a los 23 años/Pilar a los 25 años.
Pilar a los 23 años/Pilar a los 25 años.

Pilar tenía 23 años cuando se miró al espejo una mañana y sintió que algo no cuadraba. No era solo su reflejo con sobrepeso lo que la inquietaba, sino esa sensación interna de estar atrapada en un cuerpo y una vida que no sentía suya. Desde la adolescencia, había vivido con complejos, cargando una autoestima frágil que se escondía tras sonrisas ensayadas y ropa holgada. No se sentía cómoda saliendo con amigas, evitaba las cámaras y cada intento por hacer ejercicio o seguir una dieta terminaba en frustración y culpa.

Pero aquel día algo cambió. No fue una película, ni una conversación reveladora. Fue el cansancio. Pilar estaba harta de sentirse cansada al subir escaleras, de evitar actividades que en el fondo deseaba hacer, y de callar lo mucho que se despreciaba a sí misma en silencio. “No puede ser que esto sea todo”, pensó. Y con esa chispa, casi imperceptible, comenzó un viaje que cambiaría su vida.

Al principio no fue fácil. Pilar se inscribió en un gimnasio cercano, y asistió por primera vez con miedo, usando una camiseta enorme para ocultar su cuerpo. Se sintió fuera de lugar. Pero algo dentro le decía que no se rindiera. Conoció a un coach y entrenador que, en lugar de juzgarla, la escuchó. Le habló de hábitos, no de dietas milagro. Le explicó que lo importante no era cambiar su cuerpo, sino aprender a cuidarlo desde el respeto y la constancia.

Pilar comenzó por ajustar su alimentación. No dejó de comer, al contrario, empezó a comer mejor. Cambió los ultraprocesados por frutas, verduras y proteínas. Aprendió a cocinar, a leer etiquetas, a identificar qué le hacía bien. También empezó a registrar sus horas de sueño y a dejar el celular una hora antes de dormir. Lo que al principio era un reto, poco a poco se volvió una rutina restauradora.

El ejercicio pasó de ser una tortura a una terapia. Descubrió que amaba las pesas, y que con cada repetición se sentía más fuerte, no solo físicamente, sino emocionalmente. Cada gota de sudor era una victoria, un mensaje a su mente que decía: “sí puedes”. El cuerpo comenzó a cambiar, sí, pero fue su mirada la que más se transformó.

A los seis meses, Pilar había bajado 15 kilos, pero lo más importante es que se había reencontrado con una versión de sí misma que creía perdida. Se reía más. Se atrevió a usar ropa deportiva ajustada, a tomarse fotos sin filtros, a mirar a los ojos sin bajar la cabeza. Empezó a salir con amigos, se animó a dar una charla sobre su experiencia en su universidad, y decidió estudiar nutrición para ayudar a otros.

Hoy, Pilar tiene 25 años y es otra mujer. No porque haya alcanzado un “cuerpo perfecto”, sino porque ahora se reconoce, se quiere y se cuida. Su autoestima ya no depende del número en la báscula, sino del compromiso que tiene con su bienestar. Tiene metas, sueños y, sobre todo, la certeza de que puede lograr lo que se proponga.

Su historia no es de perfección, sino de perseverancia. De entender que los hábitos no se cambian de la noche a la mañana, pero que cada pequeño paso cuenta. Pilar aprendió que transformar el cuerpo es solo una parte del proceso: la verdadera transformación ocurre dentro, cuando una persona decide que ya no quiere vivir en la sombra de su propio potencial.


 
 
 

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