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Lupita y el renacer a los 50 (storytelling)

Actualizado: 2 ago 2025

Lupita: Antes y después de su renacimiento.
Lupita: Antes y después de su renacimiento.

Lupita siempre había sido una mujer activa, atractiva y dedicada. A sus 50 años, sus hijos ya eran adultos, su trabajo era estable y su pareja le ofrecía una vida tranquila. Sin embargo, una mañana se miró al espejo y no reconoció a la mujer frente a ella.

Se sentía cansada, sin energía ni motivación. Dormía mal, se le olvidaban cosas simples, su piel lucía apagada y su ánimo era una mezcla de tristeza, irritabilidad y vacío. Había días en que lloraba sin razón aparente. Su ropa ya no le entusiasmaba, su alimentación era desordenada y había dejado de hacer ejercicio. No entendía qué le pasaba. Pensó que solo era "una mala racha".

Un día, durante una plática con una amiga, escuchó hablar de la crisis de los 50 y de cómo muchas mujeres atraviesan un proceso profundo de cambio físico, emocional y existencial. Su amiga le recomendó conversar con una coach de vida.

Lupita dudó, pero decidió intentarlo. Fue así como conoció a María, una coach compasiva y con enfoque humanista, que la escuchó sin juzgar. En sus sesiones, Lupita empezó a reconocer sus emociones, a identificar patrones de autoexigencia y a darse permiso de sentirse vulnerable.

María no trabajó sola. Le sugirió acudir con una ginecóloga para revisar sus niveles hormonales: resultó que estaba en perimenopausia. También fue con una nutrióloga funcional, quien diseñó un plan personalizado para recuperar su energía. Inició terapia con una psicóloga, donde pudo hablar del duelo por el paso del tiempo, de sus miedos, de su autoestima.

Con el tiempo, Lupita comenzó a transformar su rutina. Volvió al gimnasio, redescubrió la natación, retomó la lectura, mejoró su alimentación y, sobre todo, se reencontró con ella misma. Aprendió a decir “no”, a poner límites, y a valorar su cuerpo no por cómo lucía, sino por todo lo que le permitía vivir. Se reconectó con su sensualidad, con su risa, con su luz.

Hoy, Lupita no niega que tuvo una crisis, pero la llama su despertar. Dice que los 50 fueron el inicio de su segunda juventud emocional, más consciente, más libre, más auténtica. No volvió a ser la misma, y no lo cambiaría por nada.

Porque entendió que la plenitud no tiene edad, solo necesita decisión, acompañamiento y amor propio.


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