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La Hormiga, el Búho y la Luciérnaga (fábula)

Actualizado: 2 ago 2025

(Sobre la importancia de tener visión, disciplina y persistencia para lograr el éxito y la felicidad).


En una pequeña pradera al pie de la montaña, vivía una joven hormiga llamada Tara. Era diligente, pero inquieta. Veía a muchos animales brillar, volar o rugir con fuerza, y se preguntaba por qué ella, tan pequeña y silenciosa, no podía hacer algo grande también.

Un día, mientras recogía semillas, vio pasar a una luciérnaga que iluminaba el camino del bosque con su luz propia. Fascinada, le preguntó:

—¿Cómo haces para brillar así? Yo trabajo todo el día y nadie nota lo que hago.

La luciérnaga sonrió con dulzura y dijo:

—No siempre brillaba. Mi luz apareció poco a poco, noche tras noche, mientras seguía haciendo lo que amaba. Pero no fue rápido… ni fácil.

Tara se quedó pensando. Esa noche, decidió visitar al animal más sabio del bosque: el búho.

—Quiero lograr algo que tenga sentido, algo que me haga sentir feliz y orgullosa —dijo Tara—. ¿Qué debo hacer?

El búho la miró con sus ojos profundos y le respondió con calma:

—La felicidad no es un lugar al que se llega de un salto. Es el resultado de tres alas invisibles: visión, disciplina y persistencia. Si las cultivas, tu camino se irá iluminando paso a paso.

—¿Y cómo sé si tengo visión? —preguntó Tara.

—La visión nace cuando te atreves a soñar con los ojos abiertos. Piensa en lo que anhelas construir, no solo en lo que debes hacer mañana. ¿Cuál es tu meta?

Tara pensó largo rato y dijo:

—Quiero crear el almacén de alimentos más fuerte del hormiguero, para que nunca falte comida en la estación seca.

—Entonces ya tienes visión —dijo el búho—. Ahora te falta la disciplina para dar un paso cada día, y la persistencia para seguir caminando cuando nadie te vea.

Pasaron las semanas, y Tara comenzó a trabajar con un nuevo propósito. Ya no solo recogía semillas; las clasificaba, reforzaba el túnel, observaba los cambios del clima. Algunos se burlaban:

—¡Demasiado esfuerzo para una hormiga tan pequeña!

Pero ella recordaba las palabras del búho y la luz de la luciérnaga. Cada día hacía un poco más, con constancia y convicción. No corría, pero tampoco se detenía.

Un año después, el bosque vivió una temporada de lluvias intensas que destruyó varios almacenes. Sin embargo, el de Tara resistió. Y no solo eso: ella compartió su comida con otras hormigas, que agradecidas la miraban con admiración.

El búho la visitó y le dijo:

—Has aprendido el secreto que muchos olvidan: los sueños grandes se construyen con pequeños actos diarios. Tu visión te guió, tu disciplina te sostuvo, y tu persistencia te trajo hasta aquí. ¿Ves? Ahora tú también brillaste, sin alas ni luz… pero con propósito.


Moraleja

El éxito y la felicidad no llegan de golpe, sino como frutos de una visión clara, cultivados con disciplina y cosechados con persistencia. Hasta la criatura más pequeña puede lograr algo grande si se atreve a caminar firme en la dirección correcta.

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