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El instante que lo cambió todo (storytelling)

Actualizado: 2 ago 2025




Fernando había descubierto el mindfulness un par de años atrás, cuando el estrés del trabajo comenzó a afectarle el sueño y su capacidad de disfrutar a su familia. Desde entonces, había adoptado una rutina diaria de respiración consciente, breves pausas para reconectar con el presente y, sobre todo, una actitud diferente ante la vida: estar realmente presente.

Esa mañana de sábado, Fernando, su esposa Lucía y sus dos hijos pequeños viajaban en su SUV mediana rumbo a su ciudad natal, a más de 300 kilómetros de distancia. Era un viaje familiar que solían hacer cada año para visitar a los abuelos. El sol brillaba, la música sonaba suave en el fondo, y los niños dormían profundamente en los asientos traseros.

En medio de la carretera, mientras cruzaban una zona montañosa con muchas curvas, Fernando, como de costumbre, mantenía una atención serena y plena. No conducía por hábito ni con prisa. Observaba el paisaje, sentía el volante entre sus manos, y cada pocos minutos, tomaba una respiración profunda para mantenerse centrado.

De pronto, en una curva cerrada, un enorme tráiler descendía a gran velocidad por el carril contrario. El conductor del tráiler, probablemente cansado o distraído, invadió súbitamente el carril en el que viajaba la familia. Fue un segundo crítico.

Pero Fernando no entró en pánico.

Gracias a su entrenamiento en mindfulness, su mente no se bloqueó por el miedo ni reaccionó con sobresalto. En fracciones de segundo, evaluó la situación con claridad: giró el volante con precisión hacia el acotamiento, frenó de forma controlada y mantuvo el control del vehículo mientras el tráiler pasaba rozando su espejo lateral.

Lucía gritó, los niños despertaron sobresaltados. Pero estaban vivos. Ilesos. Salvos.

Unos metros más adelante, Fernando se detuvo. Cerró los ojos. Respiró hondo. No por miedo, sino por gratitud. En el silencio que siguió, Lucía le tomó la mano con fuerza. “Gracias a Dios, y gracias a ti”, le dijo entre lágrimas.

Él sabía que el milagro no había sido suerte. Había sido presencia. Había sido mindfulness.

No solo los salvó del accidente, sino que les regaló una nueva forma de valorar la vida: atentos, agradecidos, despiertos.

Desde entonces, Fernando no deja pasar un día sin recordarle a sus hijos, ahora adolescentes, la importancia de vivir atentos, presentes. Porque a veces, un solo instante consciente… puede salvarlo todo.

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