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Disminución del riego sanguíneo cerebral por sobrepeso u obesidad y sus implicaciones en la salud

Actualizado: 2 ago 2025


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La obesidad y el sobrepeso son condiciones que han alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial, afectando a millones de personas y representando un factor de riesgo importante para diversas enfermedades. Uno de los aspectos menos conocidos, pero de gran relevancia clínica, es el efecto que tienen estas condiciones sobre el riego sanguíneo cerebral. La disminución del flujo de sangre al cerebro en personas con exceso de peso tiene consecuencias profundas, tanto en la función cognitiva como en la aparición de enfermedades neurodegenerativas y cardiovasculares.


Sobrepeso, obesidad y perfusión cerebral

El cerebro es un órgano altamente demandante de energía. Aunque representa solo alrededor del 2% del peso corporal, consume aproximadamente el 20% del oxígeno y la glucosa que circulan por la sangre. Para mantener sus funciones, necesita un riego sanguíneo constante y eficiente. El sobrepeso y la obesidad generan una serie de alteraciones fisiológicas que comprometen esta irrigación:

Resistencia a la insulina y disfunción endotelial: El exceso de grasa corporal, especialmente visceral, genera inflamación crónica y resistencia a la insulina, afectando el endotelio (revestimiento interno de los vasos sanguíneos) y reduciendo su capacidad para dilatarse. Esto dificulta el paso adecuado de sangre al cerebro.

Aumento de la presión arterial: La obesidad suele acompañarse de hipertensión, que daña progresivamente los vasos cerebrales pequeños, reduciendo el flujo de sangre a ciertas regiones del cerebro.

Aterosclerosis: La acumulación de placas de grasa en las arterias cerebrales reduce su diámetro y elasticidad, limitando el flujo sanguíneo adecuado.


Implicaciones cognitivas y neurológicas

La reducción del riego cerebral tiene consecuencias significativas. Estudios de neuroimagen han mostrado que personas con obesidad presentan menor volumen cerebral y reducción en la perfusión en regiones clave, como la corteza prefrontal, el hipocampo y los lóbulos temporales, áreas relacionadas con la memoria, el juicio y el control emocional.

Esta disminución del flujo puede conducir a:

  • Deterioro cognitivo leve (DCL) a edades más tempranas.

  • Mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer.

  • Problemas de concentración, toma de decisiones y regulación emocional.

Además, la inflamación sistémica asociada al exceso de tejido adiposo puede cruzar la barrera hematoencefálica, afectando directamente la función neuronal.


Riesgo cardiovascular y accidentes cerebrovasculares

El bajo riego cerebral también incrementa el riesgo de accidentes cerebrovasculares (ACV), tanto isquémicos como hemorrágicos. Las personas con obesidad tienen una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares que pueden llevar a un evento cerebral grave, con consecuencias discapacitantes o fatales.


Prevención y reversibilidad

La buena noticia es que muchos de estos efectos son reversibles o prevenibles con una intervención oportuna. La pérdida de peso, incluso moderada, mejora la presión arterial, la sensibilidad a la insulina y la salud vascular. La actividad física regular, una alimentación equilibrada y el control del estrés pueden contribuir significativamente a restaurar el flujo sanguíneo cerebral, mejorar la función cognitiva y reducir el riesgo de enfermedades crónicas.


Conclusión

La disminución del riego sanguíneo cerebral en personas con sobrepeso u obesidad representa una amenaza seria y silenciosa para la salud mental y neurológica. Más allá de los riesgos metabólicos conocidos, como la diabetes tipo 2 o las enfermedades cardiovasculares, la afectación cerebral debería ser un llamado de atención para considerar la obesidad no solo como un problema estético, sino como un factor determinante en la calidad de vida cognitiva y emocional. Promover hábitos saludables desde edades tempranas es crucial para proteger uno de nuestros órganos más valiosos: el cerebro.


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